'En cualquier parte, en nuestra casa, en nuestra vida diaria,
en el interior de cada uno de nosotros, existen historias que
merecen ser contadas y que pueden convertirse en una magnífica
ficción; pero para advertirlo es precisa una actitud que es
tanto un arma, un instinto del novelista como de cualquiera
que viva con un interés apasionado por la experiencia del mundo.
En el origen del acto de escribir está el gusto de mirar y
aprender y la convicción de que las cosas y los seres merecen
existir: un sentimiento de respeto y a la vez de gratitud, una
curiosidad que es sobre todo una celebración de la pluralidad de
las vidas y del valor irreductible de cada una de ellas. El escritor
no anda a la busca de historias: escribe porque las ha encontrado
y está seguro de que vale la pena contarlas'.
Antonio Muñoz Molina.