Somos básicamente intuición y un puñado de miedos estables intentando dar con un puerto de abrigo.
La vida es niebla, por eso tocarse, besarse, abrazarse procura tanto alivio.
Amamos las cosas concretas, nos desorienta la vaguedad y tenemos convicciones para hacernos la ilusión de contar con un faro en medio de la nada, aunque tenga lunas rotas.
Separar el sueño de la realidad es tan difícil.
Yo hace mucho que encuentro más reales los sueños que la vida misma.