‘Te he estado buscando ¿dónde te has metido? Huele mal aquí, está tan oscuro’ dice Sera. Enciende la luz y se queda atónita al verle tan desmejorado ‘Quería verte, mi amor… Pareces tan enfermo, estás tan pálido…’
Se levanta, va al baño, moja una toalla para refrescarle el rostro.
Ben se incorpora con dificultad, con una botella en la mano y apoyándose en la otra
‘Yo también quería verte, eres mi ángel’. Bebe a morro y se estremece al sentir el alcohol bajando por la garganta. Entonces se da cuenta de que ella tiene el rostro golpeado y se lo toca, interrogándole con la mirada.
Ella dice ‘Algo fue mal, pero estoy bien’.
Él se pone a llorar y ella se aparta.
Él dice ‘Siento habernos separado’...
Ella parece incapaz de hablar. Él tiene fiebre, se sacude, es obvio está muriendo. Ella se mete en la cama con él, le besa, le acaricia todo el cuerpo.
‘Mira cómo me la pones’ dice Ben, ella le besa la cara y le masturba, después se pone a horcajadas sobre él y empieza a moverse.
’¿Sabes que te quiero?’ pregunta Ben
‘Sí’ Responde Sera.
Y la pantalla se funde en negro.
La penúltima escena de Leaving las Vegas es el suicidio más poético y erótico que puedo recordar.