Orfebrería de los que construyen su texto a partir de momentos culminantes, segando artificios, despojando las palabras de las palabras, por no ensombrecer lo que deslumbra, coqueteando en cada párrafo con esa muerte que se complace en acariciar los mapas diciendo ‘todo esto alguna vez será mío’.
Como el buscador de perlas.
A pulmón, con locura hiperbárica.
El escritor siempre es un trabajador de la noche.