Se me ocurren muchas historias de esposas y amadas que se encontraron y al amor de una taza de té, con absoluta discreción, of course, dieron cumplida cuenta de sus perversiones victorianas, mientras que otras conspiraron entre ellas por el status quo de la reputación del marino, de la dama y de la puta.
Esto, cuando no era amado la amada o puta la esposa.