Ser el deseo de otra persona no es una elección fácil, pero la más difícil es ser el deseo de uno mismo, no como objeto narcisista, sino como posibilidad indefinida, arriesgada, estimulante.
Yo, que fui anoréxica y bulímica, aunque no modelo, sé que en realidad los trastornos alimenticios son algo más complejo: en la anorexia negarse a comer es un lenguaje que dice ‘déjame ser’, en la bulimia ‘te quiero, pero te odio. Te odio, pero no me abandones. Compláceme aunque no tenga derecho a que lo hagas. Justifícame’.
Vivimos en un tiempo en que todo vacío se silencia. Con comida, con bebida, con drogas, con amor (?) con tele, con sexo, mediante un consumo de cosas (tráfico infernal de deseos conflictivos, compramos para ser, pero sólo tenemos), mediante internet, mediante el acopio de material que no tendremos vida suficiente para digerir.
Nos indigestamos porque el silencio nos asusta, lo que pueda salir de él, más bien. Nos indigestamos porque el vacío exige un trabajo de creación que es arriesgado e implica esfuerzo. Taponamos la incertidumbre en vez de escuchar lo que tiene que decirnos.
A veces el vacío no se puede llenar con nada y es bueno que así sea. La vida consiste en seguir buscando y se acaba cuando se deja de desear buscar, saber, aprender, encontrar.
No sé.
Creo que nos hemos hecho a la aspiración de una euforia perpetua y cada vez estamos más hambrientos y frustrados.
Como Tántalo, frente a los manjares que no puede alcanzar.
Y nos ofrecemos al otro como objeto de deseo (a su medida, según los parámetros de peso y forma que complazcan sus ojos) únicamente para que se haga cargo de definirnos, de decirnos quiénes somos. Porque nos da pereza y espanto, o ambas cosas, hacernos esa pregunta tan difícil de contestar, base de cualquier sentido de felicidad y satisfacción.
¿QUIEN SOY?
Por eso el amor (?) se ha convertido en servidumbre.
En realidad digo ‘te amo’ cuando me das señales de consentir el canibalismo. Me dices adelante, devórame.
El sinsentido de la posesión, de la absorción, de la imposición frente al potencial de la alternancia, de la escucha, de la compañía, de la justa distancia para adquirir perspectiva, del respeto (tú no estás para llenarme ni para hacerme feliz, nada te obliga).
Lo demás es círculo vicioso.
Obesidad intelectual. Ningún tejido hábil, ni útil. Sólo hipertrofia de posesiones, de creencias, de ideologías, pésima gestión de los deseos. Muerte en vida.
MAGNIFICO artículo.
Magnífico por lúcido, pero sobre todo por bien escrito.