Y nos degrada.
El uso especializado del pulgar está dando lugar a modificaciones genéticas.
Una amiga de la familia, que trabajaba en una escuelita miserable de la Patagonia (y a miserable me refiero no sólo a infraestructura, sino a que las criaturas iban por turno al colegio para usar el mismo par de zapatos, y básicamente para tomar el trozo de pan y el mate cocido que allí se les servía, quedándose dormidos sobre el pupitre de pura desnutrición) contó, y lo recuerdo bien, que tuvo un caso que fue diagnosticado por la inspección escolar como dislexia e iba a ser enviada a una escuela especial, lejos de su familia, para aprender junto con niños autistas y con síndrome de Down.
La niña en cuestión se ahorraba en el dictado todas las vocales.
María Angélica, que intuyó que la niña no tenía un problema de desarrollo, ya que era de las más despiertas del grupo, le hizo leer en voz alta aquel galimatías. Lo hizo a la velocidad normal y sin errores.
‘¿Por qué escribís sólo las consonantes?’ le preguntó-
‘Porque si no, no llego, señorita, se me cansa el brazo’.
En realidad, el lenguaje abreviado de móviles, igual que el recurso de la mapuchita, igual que la taquigrafía, no son más que métodos para decir la mayor cantidad de cosas en el menor tiempo posible.
La cuestión es que se convierten en un lenguaje en sí mismo, distinto al lenguaje del que proceden, quedando limitada su comprensión.
Un lenguaje no es nada en tanto fracasa en su cometido principal: comunicar algo. Lo cual no lo hace menos válido, sólo menos eficaz. Deja fuera a quienes no sabemos comprenderlo.
No sé si respetar escrupulosamente la norma y la integridad de las palabras en mis sms y en el messenger me ha servido realmente de algo, pero sigo en esa resistencia, supongo que pura lealtad al idioma en el que aún me comunico para explicarme y para hablar de amor.
De todos modos, dominando varios idiomas, y aprendiendo otros, nunca me he sentido comprendida realmente.
El NO sigue siendo una asignatura pendiente.
De qué sirve decir NO, si los demás se empeñan en entenderlo como un sí.
Te violé porque lo estabas deseando.
En realidad el lenguaje es un gran fracaso y toda relación con los otros evoluciona a contracorriente de ese fracaso.
Yo estudio la telepatía con ahínco.
Es mi última esperanza.